Reivindicando a Felipe II en Aranjuez

By 19 marzo, 2018 Historia
Felipe II / Aranjuez

Es indudable que Aranjuez alcanza la coherencia formal que subyace en el imaginario colectivo durante el fuerte desarrollo que se da en la segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX, bajo la influencia de los movimientos artísticos importados de Francia e Italia. Sin embargo, es en el siglo XVI, bajo el reinado de Felipe II, cuando se establecerían las pautas que han hecho de Aranjuez un lugar de singular valor universal.

Es imposible saber las profundas e íntimas razones que llevaron al Rey Culto a establecer la capitalidad en Madrid en 1561, quizás una de esas razones fuese el sueño de recrear en Aranjuez el paraíso imaginado durante sus años de formación humanística.

Lo que hasta entonces se había percibido como un bosque de extraordinario valor cinegético, aparece bajo la mirada de Felipe II como el lugar donde proyectar, a través de la geometría y la proporción, las últimas tendencias del ideal renacentista.

Felipe II de la mano de Juan Bautista de Toledo establece, en las obras del Palacio Real y en las Casas de Oficio y Caballeros, el lenguaje arquitectónico que dará coherencia a todo el desarrollo posterior del conjunto monumental.

Continúa y mejora las grandes obras hidráulicas iniciadas por Carlos V con el fin de controlar la estacionalidad de los caudales y de llevar el agua a las huertas y jardines. Las presas del Embocador y de Palacio, los caces de la Azuda y de las Aves o la presa del Mar de Ontígola dan fe de la dimensión territorial del proyecto pensado para Aranjuez. Un proyecto capaz de conjugar los modelos paisajísticos flamencos y los preceptos de la tratadística clásica, que encuentran en la proporción y la geometría la expresión del ideal de belleza. Un ideal que se materializa en el diseño de los jardines del Rey y de la Isla, en los trazados radiales de Picotajo y en la forma culta de racionalizar los procesos de ordenación del territorio.

La importancia de la obra de Felipe II en la transformación del Bosque de Aranjuez en un Paisaje Cultural de singular valor, tal como lo evidencia su inclusión en la lista de Patrimonio Mundial, merece el máximo reconocimiento y un esfuerzo por dar mayor visibilidad a lo mucho que Aranjuez le debe a las decisiones del Rey Culto.

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